Empieza la partida y ya tienes ventaja, primero un peón, luego la torre, luego la reina. Me confundes, me lías.
Yo solo sé utilizar el alfil, que se mueve de lado y se tuerce, que nunca ha conseguido ir en línea recta. Te miro, me miras y sonríes, sabes de sobra que tienes la partida ganada, te sabes todos los trucos, todas las estrategias, todas las trampas.
Me pones en jaque y yo no sé contraatacar. A penas un movimiento y desordenas todo mi tablero.

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