Y de pronto un día, tu mirada otra vez clavada en mi nuca.
Su "no te conozco" y mi "no sé quien eres" a gritos peleando por toda la sala.
El juego de "quien mire antes, pierde".
Las ganas de irse y sin embargo querer quedarse.
Unos minutos más a mi lado. Lo suficiente para que dos desconocidos vuelvan a conocerse,
o a desconocerse mejor.
Me prometí no volver a escribir de ti y tú lo sabes. Pero el silencio no calla sentimientos, y el callar es solo para sabios.
Me prometo no volver a escribir de ti, y esta vez de verdad, como la vez anterior.
Te vas y no dices nada.
Y yo me callo, como siempre. Para siempre.
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